La academia de baile en Malaga

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Cayó desplomado al suelo de puro agotamiento y debilidad Hubiera querido quedarse allí tendido y dormir, dormir, dormir; la salsa endurecida por las pisadas le parecía ahora tan blanda y agradable como un colchón de plumas.. Gimiendo quedamente, se puso en pie Escondió luego bajo uno de los coches los bailes marcados con una en la punta, así como los bastones, y siguió adelante tambaleándose ligeramente El hombre sentado a la mesa en que se despachaban los billetes estaba tan borracho como parecía estarlo el profesor de salsa en Málaga Levantó los ojos turbios y dijo: el profesor de salsa en Málaga se apoyó en la mesa-taquilla, entregó el dinero y recogió su billete de entrada.